Tuve una sensación de euforia porque el 'artefacto' habÃa funcionado correctamente, seguido por uno de profundo alivio. Yo no tendrÃa que ir a la torre para ver qué habÃa salido mal.
cita de Kenneth Bainbridge
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Citas similares

Nunca fantaseé con Rita Hayworth. Iba maqueada, lacada, barnizada, depilada, inyectada y emperifollada. Despidió a mi padre antes de que el matrimonio Hilliker-Ellroy implosionara. Rita era el deus ex machina por defecto de mi padre. Mi padre tenÃa una relación relajada con Rita. Era ella quien la habÃa terminado, no él. HabÃa más relaciones relajadas por delante. HabÃa otras Ritas por ahÃ. Ya se buscarÃa una.
James Ellroy en A la caza de la mujer (2010)
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Nunca más volverÃa a verlo, pero, en el otoño de su desesperanza, durante algunas horas, habÃa dejado de ser la esposa fiel, el ama de casa, la madre amorosa, la funcionaria ejemplar, la amiga constante; y habÃa vuelto a ser simplemente mujer.
Paulo Coelho en Once minutos (2003), traducido por Ana Belén Costa
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El rey ordenó a su visir que cada noche le llevara una virgen y cuando la noche habÃa transcurrido mandaba que la matasen. Asà estuvo haciendo durante tres años y en la ciudad no habÃa ya ninguna doncella que pudiera servir para los asaltos de este cabalgador. Pero el visir tenÃa una hija de gran hermosura llamada Scheherazade... y era muy elocuente y daba gusto oÃrla.
en Las mil y una noches
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Empezó a pasar demasiado tiempo rondando por casa de la viuda, asà que ella por fin le dijo que si no de-jaba de rondar por ahà le iba a buscar algún problema. Diablo cómo se puso. Dijo que iba a demostrar quién mandaba en Huck Finn. Asà que un dÃa me estuvo esperando en la fuente, me agarró y me llevó rÃo arriba tres millas en un bote y cruzó al lado de Illinois, donde habÃa bosques y no habÃa más casas que una vieja cabaña de troncos en un sitio con tantos árboles que no se podÃa encontrar si no se sabÃa el camino ya antes. Me llevaba siempre con él y nunca tuve la oportunidad de escaparme. Vivimos en aquella cabaña y siempre cerraba la puerta con llave; por las noches se acostaba con ella debajo de la almohada.
Mark Twain en Las aventuras de Huckleberry Finn (1884)
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Pasé hasta una semana sin quitarme el mameluco de mecánico ni de dÃa ni de noche, sin bañarme, sin afeitarme, sin cepillarme los dientes, porque el amor me enseñó demasiado tarde que uno se arregla para alguien, se viste y se perfuma para alguien, y yo nunca habÃa tenido para quién.
Gabriel GarcÃa Márquez en Memorias de mis putas tristes (2004)
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La última imagen que su madre tenÃa de él era la de su paso fugaz por el dormitorio. La habÃa despertado cuando trataba de encontrar a tientas una aspirina en el botiquÃn del baño, y ella encendió la luz y lo vio aparecer en la puerta con el vaso de agua en la mano, como habÃa de recordarlo para siempre. Santiago Nasar le contó entonces el sueño, pero ella no les puso atención a los árboles.
Gabriel GarcÃa Márquez en Crónica de una muerte anunciada (1981)
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Me habÃa aburrido de los cambios estereotipados (armonÃas) que se usaban todo el tiempo... Me di cuenta que usando los intervalos más altos de un acorde como lÃnea melódica, y respaldándolos con los cambios apropiadamente relacionados, podÃa tocar lo que habÃa estado escuchando. Cobré vida.
cita de Charlie Parker
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Y era una costumbre entre estos Señores, que cuando aquello asà se hacia, el que la tal borla le ponia en la cabeza al otro, juntamente con ponérsela, le habia de nombrar el nombre, el cual habia de tener de allà adelante. É ansÃ, Viracocha Inca, como le pusiese la borla en la cabeza, le dijo: "Yo te nombro para de hoy más te nombren los tuyos é las demás naciones que te fueren sujetas, Pachacutec Yupanqui Capac Indichuri;" que dice: "Vuelta de tiempo, Rey Yupanqui, Hijo del Sol."El Yupanqui es el alcuña é linaje de do ellos son, porque ansà se llamó Manco Capac, que por sobrenombre tenia Yupanqui.
Juan de Betánzos en Suma y narracion de los Incas, que los indios llamaron Capaccuna, que fueron señores de la ciudad del Cuzco y de todo lo á ella subjeto (1880)
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Una sensación de soñolienta placidez se abatió sobre Jane cuando su cuerpo se hundió en la suaviÂdad de la hierba, donde Tarzán la habÃa depositado. La muchacha levantó la mirada hacia la gigantesca figura del hombre que se alzaba sobre ella y cuya preÂsencia añadÃa una extraña impresión de perfecta seguridad.
Edgar Rice Burroughs en Tarzán de los monos (1912)
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Schindler estaba todavÃa en su casa, tomando el café, cuando recibió una llamada de una de las secretarias. La chica habÃa visto que sacaban a Bankier del ghetto y lo llevaban directamente a Prokocim, sin detenerse siquiera en la Optima. Y en el grupo habÃa también otros obreros de Emalia. Estaban Reich, Leser... una docena.
Thomas Keneally en El arca de Schindler (1982)
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Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo habÃa una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo, ni le dio cata dello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a ésta le pareció ser bien darle tÃtulo de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo, y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla Dulcinea del Toboso, porque era natural del Toboso; nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas habÃa puesto.
Miguel de Cervantes Saavedra en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605)
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El Cordobes
Todo envuelto en polvo te vi partir, de tu bella Córdoba hasta Madrid, para demostrar lo que habÃa en ti.
Cuando tú llegaste la luz del sol, con tu valentÃa se confundió.
Y te vi reÃr loco de emoción.
Pero allà nadie pudo ver el porque reÃas asÃ, y una voz muy dentro de ti te gritó: tú puedes vencer.
Entre el y sombra luchabas tú, con la claridad de tu juventud, te sobraba ardor, te sobraba luz.
Ni un momento el miedo te dominó y la muerte cerca de ti pasó, porque como tú, nadie se acercó.
Pero al fin todo mundo vio el porqué reÃas asÃ, cuando oyó muy dentro de ti, esa voz que ayer te alentó.
Desde que la vida te vio nacer, ¡Oh Manuel Benites, que amarga fue! hasta que te llamaron "El Cordobés".
canción interpretada por Dalida, música de Gerard Bourgeois
Añadido por Simona Enache
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Me gusta pensar en toda esta gente que me enseñaron tantas cosas que yo nunca habÃa imaginado antes. Y me enseñaron bien, muy bien cuando eso era tan necesario me mostraron tantas cosas que nunca creà que fueran posibles. Todos esos amigos bien adentro de mi sangre quienes cuando no habÃa ninguna oportunidad me dieron una.
cita de Charles Bukowski
Añadido por Dan Costinaş
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El guardador de rebaños
El guardador de rebaños
En un medio dÃa de fin de primavera
Tuve un sueño como una fotografÃa.
Vi a Jesucristo descender a la tierra.
Vino por la ladera de un monte
Tornado otra vez niño,
A correr y a revolcarse por la hierba
Y a arrancar flores para tirarlas luego
Y a reÃrse de modo que lo escuchen de lejos.
HabÃa huido del cielo.
Era demasiado nuestro para fingirse
La segunda persona de la Trinidad.
En el cielo era todo falso, todo en desacuerdo
Con flores y árboles y piedras.
En el cielo habÃa que estar siempre serio
Y de vez en cuando tornarse otra vez hombre
Y subir a la cruz, y estar siempre muriendo
Con una corona toda alrededor de espinas
Y los pies atravesados por un clavo con cabeza,
Y hasta con un trapo alrededor de la cintura
Como los negros de las ilustraciones.
Ni siquiera lo dejaban tener padre y madre
Como los otros niños.
Su padre era dos personas:
Un viejo llamado José, que era carpintero.
Y que no era su padre;
Y el otro padre era una paloma estúpida,
La única paloma fea del mundo
Porque no era del mundo ni era paloma.
Y su madre no habÃa amado antes de tenerlo.
No era mujer: era una valija
En la que habÃa venido del cielo.
Y querÃan que él, que solo naciera de madre,
Y nunca tuviera un padre para amar con respeto,
Pregase la bondad y la justicia!
Un dÃa que Dios estaba durmiendo
Y el EspÃritu Santo andaba volando,
Él fue a la caja de los milagros y robó tres.
Con el primero hizo que nadie supiera que habÃa huido.
Con el segundo se hizo eternamente humano y niño.
Con el tercero creó un Cristo eternamente en la cruz
Y lo dejó clavado en la cruz que hay en el cielo
Y sirve de modelo a las otras.
Después huyó hacia el sol
Y descendió por el primer rayo que encontró.
Hoy vive en mi aldea conmigo.
Es un niño de risa bonita y natural.
Limpia la nariz con el brazo derecho,
Chapotea en los charcos de agua,
Recoge flores, las disfruta y después las olvida.
Les tira piedras a los burros,
Roba fruta en las plantaciones
Y huye llorando y gritando por los perros.
Y, porque sabe que a ellas no les gusta
Y que a todos les causa gracia,
Corre atrás de las muchachas
Que van en grupo por los caminos
Con tinas de agua en las cabezas
Y les levanta las polleras.
A mi me enseñó todo.
Me enseñó a observar las cosas
Me señala todas las cosas que hay en las flores.
Me muestra como son graciosas las piedras
Cuando uno las tiene en la mano
Y las observa lentamente.
... Él vive conmigo en mi casa en medio de la colina.
Él es el Niño Eterno, el dios que faltaba.
Él es lo humano que es natural,
Él es lo divino que sonrÃe y juega.
Y por eso es que yo se con toda certeza
Que él es el Niño Jesús verdadero.
Y el niño tan humano que es divino
Es esta mi cotidiana vida de poeta,
Y es porque él anda siempre conmigo que yo soy poeta siempre.
Y que mi más mÃnima mirada
Me llena de sensación,
Y el más pequeño sonido, sea de lo que sea,
Parece hablar conmigo.
El Niño Nuevo que habita donde vivo
Me da una mano a mi
Y la otra a todo lo que existe
Y asà vamos los tres por el camino venidero,
Saltando y cantando y riendo
Y gozando de nuestro secreto común
Que es el de saber por todas partes
Que no hay misterio en el mundo
Y que todo vale la pena.
El Niño Eterno me acompaña siempre.
La dirección de mi mirada es su dedo señalando.
Mi oÃdo atento alegremente a todos los sonidos
Son las cosquillas que él me hace, jugando, en las orejas.
Nos llevamos tan bien el uno con el otro
En compañÃa de todo
Que nunca pensamos el uno en el otro,
Pero vivimos juntos los dos
En un acuerdo Ãntimo
Como la mano derecha con la izquierda.
Al anochecer jugamos a las cinco piedritas
En el escalón de la puerta de casa,
Graves como corresponde a un dios y a un poeta,
Y como si cada piedra
Fuese todo un universo
Y fuera por eso un gran peligro para ella
Dejarla caer al suelo.
Después yo le cuento historias de las cosas de los hombres
Y él sonrÃe, porque todo es increÃble.
Se rÃe de los reyes y de los que no son reyes,
Y siente pena al oÃr hablar de las guerras,
Y de los negocios, y de los navÃos
Que dejan humo en el aire de altamar.
Porque él sabe que todo eso falta a aquella verdad
Que una flor tiene al florecer
Y que anda con la luz del sol
Modificando los montes y los valles
Y haciendo doler los ojos por la claridad de los muros.
Después el se adormece y yo lo acuesto.
Lo llevo a upa para dentro de casa
Y lo acuesto, desnudándolo lentamente
Como siguiendo un ritual muy limpio
Y todo materno hasta que queda desnudo.
Él duerme dentro de mi alma
Y a veces despierta de noche
Y juega con mis sueños.
Los da vuelta patas para arriba,
Pone unos encima de los otros
Y aplaude solo
Sonriéndole a mi sueño.
Cuando yo muera, hijito,
Sea yo el niño, el más pequeño.
Alzame vos a upa
Y llevame adentro de tu casa.
Desviste mi ser cansado y humano
Y acostame en tu cama.
Y contame historias, si despierto,
Para volverme a adormecer.
Y dame sueños tuyos para jugar
Hasta que nazca algún dÃa
Que vos sabés cual es.
Esta es la historia de mi Niño Jesús.
¿Por que razón que se perciba
No ha de ser ella mas verdadera
Que todo lo que los filósofos piensan
Y todo lo que las religiones enseñan?
poema de Fernando Pessoa en El yo profundo y los otros yos, traducido por Graciela Volco
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Cuando salÃa para la escuela, también mi madrastra se sinceró conmigo. Estábamos a solas, en la entrada de casa y me dijo que en aquel dÃa tan triste para todos nosotros esperaba "contar con un comportamiento adecuado" por mi parte. No sabÃa qué responderle, asà pues no dije nada. Quizá haya interpretado mal mi silencio, porque continuó diciéndome que no habÃa querido herir mi sensibilidad y que sabÃa que su advertencia era, en realidad, innecesaria. Estaba segura de que yo, un muchacho de quince años, era perfectamente capaz de calibrar la "gravedad del golpe que habÃamos recibido"; ésas fueron sus palabras. Asentà con la cabeza y vi que con eso le bastaba. Entonces, hizo un gesto con la mano, y temà que fuera a abrazarme. No lo hizo, se limitó a soltar un largo y profundo suspiro entrecortado. Me di cuenta de que sus ojos se ponÃan húmedos; me sentà incómodo. Después, me dejó ir. Fui andando desde la escuela hasta el almacén. Era una mañana limpia y tibia para ser el principio de la primavera. Hubiera podido desabrochar mi abrigo, pero desistÃ: la ligera brisa podÃa haber hecho que las solapas hubieran ocultado de manera antirreglamentaria mi estrella amarilla.
Imre Kertész en Sin destino (1975)
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Sancho Panza, que jadeando le iba a los alcances, viéndole caÃdo, dio voces a su moledor que no le diese otro palo, porque era un pobre caballero encantado, que no habÃa hecho mal a nadie en todos los dÃas de su vida.
Miguel de Cervantes Saavedra en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605)
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Entretanto, el cuerpo del viejo caballero de San Francisco regresaba a su hogar, a un sepulcro en las playas del Nuevo Mundo. Después de haber pasado por muchas humillaciones, por mucho abandono humano, después de haber vagado durante semanas de una aduana a otra, habÃa sido conducido una vez más a aquel mismo famoso barco en el que tan recientemente, con tanta deferencia, habÃa sido conducido al Viejo Mundo.
Iván Bunin en El Caballero de San Francisco (1915)
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El mundo era tan reciente que muchas cosas carecÃan de nombre, y para nombrarlas habÃa que señalarlas con el dedo.
Gabriel GarcÃa Márquez en Cien años de soledad (1967)
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Un buen dÃa, a mi marido se le ocurrió hacer un sistema solar en miniatura en la habitación de los gemelos. Con todos sus planetas, un montón de estrellitas, y hasta un cohete recién salido de la NASA. Mi hijo mayor les regaló un globo terráqueo, de esos que tienen luz por dentro. Pedro no podÃa entender que esa fuese la tierra, el lugar en que vivimos. Toda redondita. Él no veÃa nada redondo cuando Ãbamos a Ibiza en barco.
Tomi MartÃnez de la Torre en ¡Una peluquerÃa, por favor!
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La propuesta original para su tesis de grado habÃa sido esa: la conveniencia de simplificar el organismo humano. Le parecÃa anticuado, con muchas funciones inútiles o repetidas que fueron imprescindibles para otras edades del género humano, pero no para la nuestra. SÃ: podÃa ser más simple y por lo mismo menos vulnerable.
Gabriel GarcÃa Márquez en El amor en los tiempos del cólera (1985)
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