
Tantos átomos, atemorizados por una macromolécula.
aforismo de Valeriu Butulescu, traducido por Ulises Estrella
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Citas similares

Un objeto no resulta de la pluralidad de los átomos, sino de la combinación de los átomos deviene cada objeto.
cita de Demócrito
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Nada existe, aparte de átomos y el vacío.
cita de Demócrito
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Tantos tocónes no dejan ver el bosque.
aforismo de Milovan Vitezovic
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Pienso que hay tantos cristianos que merecerían ser judíos.
cita de Jean Jaurès
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Su poesía es seca, así como una momia, por eso ha resistido tantos siglos.
aforismo de Valeriu Butulescu, traducido por Ulises Estrella
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Hacer un mundo en seis días, para contemplar sus imperfecciones tantos eras.
aforismo de Valeriu Butulescu, traducido por Ulises Estrella
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He firmado tantos ejemplares de mis libros que el día que me muera va a tener un gran valor uno que no lleve mi firma.
cita de Jorge Luis Borges
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León
El león es llamado el rey
De las bestias. Hoy en día hay
Casi tantos leones
En jaulas como fuera de ellas.
Si te ofrecen una corona, recházala.
poema de Kenneth Rexroth en Un Bestiario (1956), traducido por Carlos Mayhua
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Nuestra Señora de Lourdes, que curó a tantos, se olvidó de ella. Así pasa. En casa de herrero cuchillo de palo.
Fernando Vallejo en La puta de Babilonia (2007)
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En toda negociación, el hombre honrado está destinado a llevar la peor parte, mientras que la picardía y la mala fe se apuntan finalmente los tantos.
cita de Mika Waltari
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El dinero, que ha hecho morir a tantos cuerpos, hace morir todos los días a miles de almas.
cita de Giovanni Papini
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Mi lema como escritor es: "Butulescu, ¡hay tantos libros malos en el mundo! ¡No te precipitas a añadir otra!"
aforismo de Valeriu Butulescu, traducido por Dan Costinaş
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No quiero dejar ningún mensaje, solo les aconsejo que lean a otros autores, que se olviden de mí, olvídense de Borges hay tantos otros muy superiores.
Jorge Luis Borges en entrevistado por Joaquín Soler Serrano (1980)
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Lobo
No confíes en todo lo que escuchas.
Los lobos no son tan malos como los corderos.
Yo he sido un lobo toda mi vida
y poseo dos hijas adorables
para testimoniarlo; en cambio, podría
dejarte hastiado con historias
de tantos corderos que recibieron su merecido.
poema de Kenneth Rexroth en Un Bestiario (1956), traducido por Armando Roa Vial
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Empezó a pasar demasiado tiempo rondando por casa de la viuda, así que ella por fin le dijo que si no de-jaba de rondar por ahí le iba a buscar algún problema. Diablo cómo se puso. Dijo que iba a demostrar quién mandaba en Huck Finn. Así que un día me estuvo esperando en la fuente, me agarró y me llevó río arriba tres millas en un bote y cruzó al lado de Illinois, donde había bosques y no había más casas que una vieja cabaña de troncos en un sitio con tantos árboles que no se podía encontrar si no se sabía el camino ya antes. Me llevaba siempre con él y nunca tuve la oportunidad de escaparme. Vivimos en aquella cabaña y siempre cerraba la puerta con llave; por las noches se acostaba con ella debajo de la almohada.
Mark Twain en Las aventuras de Huckleberry Finn (1884)
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Cantar es de amor
Como una ficción
si no de sangre, si de rojo
agua, sal y no las lágrimas bebí.
En el fragor de la batalla
corazones vuelve y baja
son caballos al galope sobre ti.
Amarse es darnos a la fuga
lo hemos dicho, lo hemos hecho, si.
No debe ser verdad,
que si la dices no la dices más.
Esa ilusion tan mía, sincera.
Que se escurre fiera,
por los dedos de la vida
con sonidos, con imágenes de ti.
Maravillosas confusiones,
entre diálogos y voces
cada beso apasionado es humo.
Pero no es la verdad
que siempre es otra
historia amor, la Lei
esa que mi pesar, es de amor
Es improvisada, no es el viento, no es la playa
no es la lluvia que constante nos caía.
Amarse es como encaramarse
por pantallas de ilusiones
y creerse que la hiedra es realidad.
Es la mentira niña mía
una nariz muy larga, un hasta pronto.
No puede ser verdad,
que si la dices, no la dices más.
Estrella que se va
que como yo, tú la revivirás
cuando el amor que es mío, te cantaréeeeeee.
Es cuando tantos juramentos que te hice
han sido engaños
a la vida, cada día escapará.
Amarse y luego comprender
es
en ti
No puede ser verdad
que si la dices, no la dices más
esa ilusión tan mía, sincera.
El que ama canta,
tras las voces de la vida
en el agua que se encuentra con su río.
Tal vez no deba de cantar
si no es de amor, seremos mudos,
pero alguno debe hacerlo.
Solo yo que te canto aún
voy como en fuga hacia tu corazón.
No puede ser verdad
que si la dices, no la dices más
Porque cantarte es de amor
es de amor
es de amor.
canción interpretada por Amedeo Minghi
Añadido por Simona Enache
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Canción de Otoño en Primavera
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.
Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.
Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.
Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...
En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...
Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.
Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;
y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.
¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.
En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!
Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!
poema de Rubén Darío (1905)
Añadido por Dan Costinaş
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