En verdad, basta revisar unos párrafos del Quijote para sentir que Cervantes no era estilista (a lo menos en la presente acepción acústico-decorativa de la palabra) y que le interesaban demasiado los destinos de Quijote y de Sancho para dejarse distraer por su propia voz.
Jorge Luis Borges en La supersticiosa ética del lector (1930)
Añadido por Dan Costinaş
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