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Séneca

Pesa las opiniones, no las cuentes.

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Añadido por Dan Costinaş
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Citas similares

Jorge Luis Borges

Quizá haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones.

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Añadido por Dan Costinaş
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G.K. Chesterton

La fatalidad no pesa sobre el hombre cada vez que hace algo; pero pesa sobre él, a menos que haga algo.

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Añadido por Dan Costinaş
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Es curioso que la vida, cuanto más vacía, más pesa.

cita de León DaudíInformarnos sobre un problema/apéndiceCitas similares
Añadido por Dan Costinaş
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Juan Zorrilla de San Martín

Nada pesa tanto como el corazón cuando está cansado.

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Añadido por Dan Costinaş
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Alexander Pope

Un hombre obstinado no tiene opiniones, sino éstas a él.

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Añadido por Dan Costinaş
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Rivarol

Las opiniones no se deben combatir sino por medio del raciocinio. A las ideas no se las fusila.

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Añadido por Dan Costinaş
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Gustavo Le Bon

La mayor parte de nuestras opiniones son creadas por las palabras y las formulas, mucho más que por la razón.

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Añadido por Dan Costinaş
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Douglas Adams

No todas las opiniones son iguales. Algunas son muchísimo más robustas, sofisticadas y bien apoyadas en la lógica y el argumento que las demás.

cita de Douglas AdamsInformarnos sobre un problema/apéndiceCitas similares
Añadido por Dan Costinaş
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Steve Jobs

No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu propia voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición.

cita de Steve Jobs (2005)Informarnos sobre un problema/apéndiceCitas similares
Añadido por Dan Costinaş
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Tristan Tzara

La dialéctica es una máquina divertida que nos conduce de una manera banal a las opiniones que hubiéramos tenido de todas maneras.

Tristan Tzara en Siete manifiestos dadá, Manifiesto dadá (1918)Informarnos sobre un problema/apéndiceCitas similares
Añadido por Simona Enache
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Jaime Luciano Balmes

No es muy dificil atacar las opiniones ajenas, pero sí el sustentar las propias: porque la razón humana es tan débil para edificar, como formidable ariete para destruir.

cita de Jaime Luciano BalmesInformarnos sobre un problema/apéndiceCitas similares
Añadido por Dan Costinaş
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William Shakespeare

Rodrigo: No vuelvas a tocar esa cuestión, Yago; mucho me pesa que estés tan enterado de eso tú a quien confié mi bolsa, como si fuera tuya.
Yago: ¿Por qué no me oís? Si alguna vez me ha pasado tal pensamiento por la cabeza, castigadme como os plazca.

réplica en Otelo, Acto I, Escena 1, obra de William Shakespeare (1603), traducido por Marcelino Menéndez y PelayoInformarnos sobre un problema/apéndiceCitas similares
Añadido por Dan Costinaş
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Harry Martinson

Diariamente escuchamos las monedas sonoras que nos han dado y jugamos con el dedo-cantor de la mano izquierda. Intercambiamos monedas de diferentes nombres: y nos las jugamos por todo lo que entrañan, y aunque una dyma apenas pesa un grano, juega como un grillo en cada mano balanceándose en esta tierra de los placeres. Agujeros desconocidos podían verse en el espacio pero, ya que eran inapropiados para el programa de nuestra jornada, rápidamente eran olvidados.

Harry Martinson en Aniara (1956)Informarnos sobre un problema/apéndiceCitas similares
Añadido por Dan Costinaş
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Rubén Darío

Canción de Otoño en Primavera

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.

Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.

Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...

En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...

Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.

Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;

y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.

¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!

poema de Rubén Darío (1905)Informarnos sobre un problema/apéndiceCitas similares
Añadido por Dan Costinaş
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