Porque los muertos somos difíciles de distinguir de los vivos, y nos disimulamos entre los entresijos del mundo, buscando un pequeño rincón donde vegetar y contemplar el espectáculo que ahora sabemos, que no termina nunca, que es eterno; para todos, menos para nosotros.
Félix de Azúa en Historia de un idiota contada por él mismo (1986)
Añadido por Dan Costinaş
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