Volvióse nuestro viajero y vió un hombre, mejor dicho, un Centauro, pues no podía concebirse más perfecta armonía entre caballo y ginete, el cual era de complexión recia y sanguínea, ojos grandes, ardientes, cabeza ruda, negros bigotes, mediana edad y el aspecto en general brusco y provocativo, con indicios de fuerza en toda su persona.
Benito Pérez Galdós en Doña Perfecta (1897)
Añadido por Dan Costinaş
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