No obstante, el César tenía la costumbre de llevar consigo, en cada uno de sus viajes, todos aquellos objetos que le agradaban, empezando por los instrumentos musicales y los muebles domésticos, y terminando por las estatuas y los mosaicos, que se colocaban, aunque se detuviera por poco tiempo en el camino a descansar o a tomar algún alimento.
Henryk Sienkiewicz en Quo Vadis? (1895)
Añadido por Dan Costinaş
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