Así pereció, en el octavo lustro de su vida el más grande poeta, que nació y nacerá alguna vez, quizás, la tierra rumana. Aguas secarán en su lecho, y sobre su lugar de entierro se levantará algún bosque o alguna fortaleza, estrellas desaparecerán en la lejanía, hasta que nuestra tierra recogirá todas sus savias y las levantará en el tubo delgado de otra azucena con la fortaleza de esos perfumes.
George Călinescu en La vida de Mihai Eminescu (1932)
Añadido por Dan Costinaş
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