Desde su regreso al pozo, para no perturbar su espíritu, trató de no leer el diario. Pasada una semana, ya no tuvo deseos de leer. Después de un mes, casí había olvidado que existían cosas tales como el periódico.
Kobo Abe en La mujer de la arena (1962)
Añadido por Dan Costinaş
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