Y vueltos a embarcar, navegamos costa a costa junto a tierra, hasta que llegamos a un río que llaman de Tabasco, que allí le pusimos nombre río de Grijalva.
cita de Bernal Díaz del Castillo
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Citas similares

Era tan inteligente que renunció a serlo a costa de los demás.
aforismo de Ramón Eder
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La risa más agradable es aquella a la que nos entregamos a costa de nuestro enemigos.
cita de Sófocles
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Torno a mi propósito referente a la Tierra de Gracia, al río y lago que allí hallé, tan grande que más se le puede llamar mar que lago, porque lago es lugar de agua, y en siendo grande se le llama mar, por lo que se les llama de esta manera al de Galilea y al Muerto. Y digo que si este río no procede del Paraíso Terrenal, viene y procede de tierra infinita, del Continente Austral, del cual hasta ahora no se ha tenido noticia; más yo muy asentado tengo en mi ánima que allí donde dije, en Tierra de Gracia, se halla el Paraíso Terrenal.
cita de Cristóbal Colón (1498)
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Algunos abandonan el bote salvavidas cuando ven hacia qué costa va.
aforismo de Valeriu Butulescu, traducido por Ulises Estrella
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El estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo trata de vivir a costa de todos los demás.
cita de Frederic Bastiat
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Sin polvos de pica pica, con 40 y 17 otra vez en Costa Rica.
cita de Joaquín Sabina (2006)
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No creas que en el campo solo se ve la vida: junto a la luz está la sombra, junto al día la noche, junto a la flor la espina, junto al amor el desengaño y junto a la vida la muerte.
cita de Vicente Ruiz Llamas
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Si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa.
cita de G.K. Chesterton
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Hay ojos que miran, hay ojos que sueñan...
Hay ojos que miran, -hay ojos que sueñan,
hay ojos que llaman, -hay ojos que esperan,
hay ojos que ríen -risa placentera,
hay ojos que lloran -con llanto de pena,
unos hacia adentro -otros hacia fuera.
Son como las flores -que cría la tierra.
Mas tus ojos verdes, -mi eterna Teresa,
los que están haciendo -tu mano de hierba,
me miran, me sueñan, -me llaman, me esperan,
me ríen rientes -risa placentera,
me lloran llorosos -con llanto de pena,
desde tierra adentro, -desde tierra afuera.
En tus ojos nazco, -tus ojos me crean,
vivo yo en tus ojos -el sol de mi esfera,
en tus ojos muero, -mi casa y vereda,
tus ojos mi tumba, -tus ojos mi tierra.
poema de Miguel de Unamuno
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Y con esto tornamos a caminar por luengo de costa la via del rio de Palmas, cresciendo cada dia la sed y la hambre, porque los bastimentos eran muy pocos, y yvan muy al cabo, y el agua se nos acabo, porque las botas que hezimos de las piernas de los cavallos luego fueron podridas y sin ningun provecho: algunas vezes entramos por ancones y bayas, que entravan mucho por la tierra a dentro, todas las hallamos baxas y peligrosas. Y ansi anduvimos por ellas treynta dias, donde algunas vezes hallavamos indios pescadores, gente pobre y miserable.
Álvar Núñez Cabeza de Vaca en Naufragios (1542)
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Clayton: Es un ser extraño, una semisalvaje criatura de la selva, señorita Porter. No sabemos nada de esa persona. No habla ni entiende ninguna lengua europea... y las armas y los adornos que lleva son los propios de los hombres selváticos de la costa occidental.
réplica en Tarzán de los monos de Edgar Rice Burroughs (1912)
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Las cosas se llaman equívocas cuando tan sólo tienen de común el nombre.
cita de Aristóteles
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Me piden lo profético que hay en mí, con melancolía y un golpe de objetos que llaman sin ser respondidos hay, y un movimiento sin tregua, y un nombre confuso.
cita de Pablo Neruda
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La góndola fúnebre
Y detrás de mí
-más allá de las aguas
relucientes como plomo-
la otra costa
y ellos, los que reinaban.
Seres con futuro
en lugar de rostros.
Soy llevado en mi sombra
como un violín
en su negra caja.
Lo único que quiero decir
reluce fuera de alcance
como la plata
en casa del prestamista.
poema de Tomas Tranströmer (1996)
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Vete amor
Vete amor,
que todavía estamos a tiempo,
crees que no,
despreocupado estás contento,
vete amor,
que paz ya no tendré ni tendrás,
perderemos el sueño.
Crees que no,
los trenes y algún paragüas,
incluso el periódico leeremos mal,
querido verás,
nos preguntaremos cómo es posible
que el mundo lo sepa todo de nosotros.
Tal vez te llamaré
"diablillo (trastito) amoroso"
y "dudú dadadá",
y tu nombre será el nombre de cada ciudad,
de un gatito regado que maullará,
tu nombre estará en un cartel que hace,
de la publicidad, en la calle para mí
y yo con la nariz hacia arriba la cabeza sacudiré,
siempre allí, siempre tú...
todavía un poco más
y después todavía no lo sé.
Vete amor,
mi bárbaro invasor,
crees que no,
sonriente timador.
Vete un rato,
que paz ya no tendré ni tendrás,
vete o tendremos problemas.
Y pequeñas disputas, querido, verás
la guerra estelar que vendrá,
nuestro amor estará allí,
tembloroso (vibrante) y brillante, así...
Una vez más te llamaré
"diablillo (trastito) amoroso"
y "dudú dadadá",
y tu nombre será el frío y la oscuridad,
un gatazo desgreñado que me arañará,
tu amor será un mes de sequía
y en el cielo no hay lluvia fresca para mí
y yo con la nariz hacia arriba la cabeza perderé,
siempre allí, siempre tú...
todavía un poco más
y después todavía no lo sé.
Una vez más te llamaré
"diablillo (trastito) amoroso"
y "dudú dadadá",
y tu nombre será el nombre de cada ciudad,
de un gatito regado que maullará,
tu nombre estará en un cartel que hace,
de la publicidad, en la calle para mí
y yo con la nariz hacia arriba la cabeza sacudiré,
siempre allí, siempre tú...
todavía un poco más
y después todavía no lo sé.
canción interpretada por Amedeo Minghi y Mietta
Añadido por Simona Enache
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Cuatro cantos de mi tierra
I
Tabasco en sangre madura
y en mi su poder sangró.
Agua y tierra el sol se jura;
y en nubarrón de espesura
la joven tierra surgió.
Tus hidrógenos caminos
a toda voz transité
y en tu oxígeno silbé
mis pulmones campesinos.
A puños sembré mi vida
de tu fuerza vendaval
que azúcar cañaveral
espolvorea en la huida.
El tiempo total verdea
y el espacio quema y brilla.
El agua mete la quilla
y de monte a mar sondea.
Pedacería de espejo.
La selva, encerrada, ulula.
Casi por cada reflejo
pájaro que se modula.
Más agua que tierra. Aguaje
para prolongar la sed.
La tierra vive a merced
del agua que suba o baje.
Cuando la selva repasa
su abecedario animal
relámpago vertebral
de caoba a cedro pasa.
Flota de isletas fluviales
varó en flor la soledad.
Son de todo eternidad
y de nada temporales.
El mediodía tajado
de algún fruto tropical
tiene un sabor de cristal
sonoramente mojado.
Hay en la noche un instante
de vida, que si durara,
húmeda la muerte alzara
cual un terrible diamante.
Y a veces en la ribera
es tan fina la mañana
que la sonrisa primera
todo el día nos hermana.
Tiempo de Tabasco; en hondo
suspiro te gozo así.
Contigo, cerca de mí
tiempo de morir escondo.
Arde en Tabasco la vida
de tal suerte, que la muerte
vive por morir hendida,
de un gran hachazo de vida
que da, sin querer, la suerte.
II
La ceiba es un árbol gris
de gigantesca figura.
Se ve su musculatura
medio manchada de gis.
Es el árbol que hace todo;
yo lo he visto trabajar
y en la tarde modelar
sus pajaritos de lodo.
Ceiba desnuda y campal
cuya fuerza liberó
bosque y cielo y estrenó
su claro de matorral.
En desnudo pugilato
parece que así despejas
el campo y que le aconsejas
a todo árbol buen recato.
Navegando por el río,
súbitamente apareces.
Te he visto así, tantas veces,
y el asombro es siempre mío.
Cuando en el atardecer
todo Tabasco decrece
y el aire en los cielos mece
lo que ya no pudo ser,
con qué bárbara grandeza
das la razón al paisaje
que con oscura certeza
se adueñó de algún celaje
con que así la noche empieza.
Ceiba te dije y te digo:
colgaré mí corazón
de un retoño de tu abrigo;
tendrá su sangre contigo
altura y vegetación.
III
Una laguna que llega
y una laguna que va.
Si la luz de frente anega
o la luz de lado da
el jacintal que congrega
su poesía despliega
que en mi voz cintilará.
Hay más laguna que luna
en la noche que es tan clara.
Semeja que el cielo usara
luz modal de la laguna.
Hay más laguna que luna.
Tiempo lagunar que cabe
para siempre en nuestra vida.
Que no se cierre la herida
que por su boca se sabe
la llegada y la partida.
Estábamos la laguna
y yo.
Como esa noche...
Con más laguna que luna
la noche se desnudó.
Sudor de intemperie humana
que el aire sutil saló
y en su humedad levantó
flor lujuria rusticana.
Tu adolescencia suspira
junto a mi pecho velludo.
El tiempo es tiempo desnudo
y su largo cuerpo estira.
Si por besarte viví
con más laguna que luna,
fue más luna que bebí
que el agua de la laguna
que a raya en cielos tendí.
Como esa noche...
IV
El agua es laguna o río.
Un espejo se quebró.
Por todos lados miró
la desnudez del estío.
Con el agua a la rodilla
vive Tabasco. Así dama
de abril a octubre la flama
que hace callar toda arcilla.
Si por boca de la selva
largó la verdad su grito,
miente el silencio infinito
del agua que el agua envuelva.
Llueve lejos, por la sierra.
Llueve a tambor y clarín.
Toro del agua, festín
corre por toda la tierra.
Joven terrón cuaternario,
por tu cuerpo de aluvión
sangra el verde corazón
de tu enorme pecho agrario.
Lo que muere y lo que vive
junto al agua vive y muere.
Si en lluvia el cielo así quiere
moje su noche en aljibe.
Más agua que tierra. Aguaje
para prolongar la sed.
La tierra vive a merced
del agua que suba o baje.
Brillan los laguneríos;
en la tarde tropical
actitud de garza real
torna el aire de los ríos.
La noche en lluvia y batracio
retiñe el nocturno verde
y al otro día se muerde
verde el verde del espacio.
Agua de Tabasco vengo
y agua de Tabasco voy.
De agua hermosa es mi abolengo;
y es por eso que aquí estoy
dichoso con lo que tengo.
poema de Carlos Pellicer (1943)
Añadido por Dan Costinaş
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El Cisne
Sin ruido, en el espejo de hondos y calmos lagos,
el cisne impulsa la ola, y con sus largos remos
se desliza. En sus flancos, su plumón se asemeja
a las nieves de abril, que hace ceder el sol;
pero firme y de un blanco que brilla bajo el céfiro,
su gran ala lo arrastra como a un lento navío.
Alza su hermoso cuello sobre el cañaveral,
lo hunde, lo pasea, y estirado en el agua,
lo curva con donaire, como un perfil de acanto,
y oculta en su garganta brillante el negro pico.
A veces, junto a pinos que albergan paz y sombra,
serpentea, y dejando que los herbajes densos
se arrastren en pos de él como una cabellera,
avanza, con andar desmayado y tardío.
La gruta, en la cual oye su sentir el poeta
y la fuente que llora una ausencia infinita,
le placen: vaga allí y una hoja de sauce
al caerse le roza los hombros en silencio.
A veces, a alta mar, lejos del bosque oscuro
se llega y, timoneando, soberbio, en el azur,
elige, al celebrar su blancura que admira,
el sitio deslumbrante donde el sol se refleja.
Luego, cuando la costa del agua no distingue,
a la hora en que todo forma un confuso espectro,
cuando ya no se mueven ni un junco ni un gladiolo,
y hacen ruido las ranas en el sereno bosque
y en el claro de luna la luciérnaga luce:
en el lago sombrío, que bajo ella copia
una espléndida noche lacteada y violeta,
el ave, como un vaso de plata entre diamantes,
la cabeza en el ala, se duerme entre dos cielos.
poema de Sully Prudhomme
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Del verano y el invierno
Dos son las enfermedades
que el hombre padece al año:
una que llaman invierno,
otra que llaman verano.
epigrama de Juan de Iriarte en Obras sueltas (1774)
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allí en tu alma
allí en tu corazón
allí no hay nadie
haiku de Mario Benedetti en Rincón de Haikus (1999)
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Bridget: No nos ha dicho su nombre señora.
Anciana: Algunos me llaman la Pobre Anciana, y otros Cathleen, la hija de Houlihan.
réplica en Cathleen ni Houlihan, obra de William Butler Yeats (1902)
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