El sol se levantó poco después de las tres y escaló gradualmente hasta cubrir cientos y miles de kilómetros de ventanas, senderos y porches, hasta mirar el interior de las habitaciones donde seres humanos dormÃan en sus camas. También se elevó sobre los nidos de los pájaros, en donde se aseguraba que no habÃa atmósfera de domingo, porque en ellos cada mañana, especialmente una soleada, era igualmente sagrada.
Frans Eemil Sillanpää en Silja (1931)
Añadido por Dan Costinaş
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